Mercosur-Unión Europea: el comercio ya reacciona, la política todavía no
En la planta de Hohenau, en el departamento paraguayo de Itapúa, se procesan langostinos que se pescaron a miles de kilómetros de distancia, en el Mar Argentino. Hasta hace poco, ese producto salía directamente hacia Europa. Ahora hace una escala industrial: cruza a Paraguay bajo un régimen de maqui
En la planta de Hohenau, en el departamento paraguayo de Itapúa, se procesan langostinos que se pescaron a miles de kilómetros de distancia, en el Mar Argentino. Hasta hace poco, ese producto salía directamente hacia Europa. Ahora hace una escala industrial: cruza a Paraguay bajo un régimen de maquila, donde se empaca, se calibra y se le da presentación comercial antes de reexportarse como hecho en Paraguay, pero en realidad es un “Made in Mercosur”.
Solo esa planta, de la empresa South Atlantic Company, recibió una inversión de más de USD 43 millones y ya genera unos 500 empleos directos.
La escena ilustra algo más profundo que asoma en los primeros 150 días del acuerdo más ambicioso que negoció el Mercosur en su historia: la apertura hacia la Unión Europea no solo cambia lo que el bloque le vende a Europa, también está reordenando dónde conviene producir puertas adentro del propio bloque.
En la planta de Hohenau, en el departamento paraguayo de Itapúa, se procesan langostinos que se pescaron a miles de kilómetros de distancia, en el Mar Argentino
Los números del comercio, mientras tanto, confirman el otro costado de la historia. En Argentina, la Bolsa de Comercio de Rosario informó que las exportaciones a la UE sumaron USD 5.191 millones entre enero y julio, un 19% más que un año antes, con el trimestre mayo-julio —ya bajo el ITA— como el mejor desde 2022.
En Brasil, las exportaciones a Europa crecieron 46,4% en agosto y acumulan un alza de 15% en el año, según el Ministerio de Industria, Comercio y Servicios. Uruguay, por su parte, estimó un beneficio de más de USD 27 millones entre mayo y agosto gracias a las nuevas preferencias.

Según la Secretaría de Agricultura, cada tonelada exportada a la UE se pagó, en lo que va del año, en promedio, a USD 608, un 39% por encima del precio al que el país le vende al resto del mundo. Es la primera confirmación empírica de una premisa que sostenían los defensores del acuerdo: el mercado europeo no solo abre volumen, también paga una prima por calidad y diferenciación.
Exigencias de origen y controles sanitarios
A pesar de esto, la apertura arancelaria vino acompañada de exigencias de origen, controles sanitarios y regímenes que terminarán siendo, probablemente, más fáciles de aprovechar para las grandes empresas que para las pymes.
La autocertificación de origen, el mecanismo que reemplaza al viejo certificado emitido por una entidad habilitada, traslada ahora a cada empresa la responsabilidad de probar que su producto es originario y de guardar la documentación durante al menos tres años.
Cada empresa tendrá la responsabilidad de probar que su producto es originario y de guardar la documentación durante al menos tres años
Para un exportador frecuente, es una ventaja. Para una pyme ocasional, es una carga nueva y un riesgo de sanciones si algo sale mal.
Además, la “infraestructura de calidad” que determina quién aprovecha el ITA depende de los organismos de sanidad agroalimentaria, metrología, normalización, ensayo y acreditación de cada país, como en Argentina el Senasa, el INTA, INTI, IRAM y OAA. Su fortalecimiento es condición necesaria para que la oferta exportable pueda cumplir, de manera sostenida y escalable, los requisitos regulatorios de la Unión Europea.

El otro obstáculo que empieza a asomar es sanitario. La Comisión Europea prevé para 2027 un aumento del 107% en las auditorías a terceros países. El 3 de septiembre, Brasil ya fue suspendido temporalmente por controles insuficientes sobre el uso de antimicrobianos, y Argentina está en la mira por residuos en productos animales y aflatoxinas en maní y frutos rojos.
Si el Mercosur no refuerza sus sistemas de control, las barreras sanitarias pueden terminar funcionando como una forma encubierta de proteccionismo.
A más de cuatro meses de vigencia del acuerdo, Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay todavía no lograron ponerse de acuerdo sobre cómo repartirse los cupos preferenciales. El plazo para comunicarle a la UE una distribución nacional venció el 30 de septiembre; si no hay acuerdo, seguirá rigiendo el criterio de “primero llegado, primero servido” que rige desde mayo, y que hoy deja a Argentina con el 100% del cupo de huevos, más del 70% del de miel y más del 50% del de etanol.
Si el Mercosur no refuerza sus sistemas de control, las barreras sanitarias pueden terminar funcionando como una forma encubierta de proteccionismo
Solo en el caso de la carne vacuna, y por iniciativa del sector privado, más precisamente de la Federación de Asociaciones Rurales del Mercosur (FARM) parece que podría haber un acuerdo en los últimos días. Cada mes sin criterio de reparto debilita la credibilidad del bloque frente a la UE, empuja a cada socio a maximizar su propio volumen antes que a coordinar una estrategia regional, y termina premiando a quien tiene más capacidad administrativa por sobre quien tiene más potencial exportador.
Los foros empresariales y el fondo europeo que sigue siendo promesa
Mientras tanto, en un intento de correr la agenda de la macroeconomía a los negocios concretos, Uruguay anunció para el 2 de diciembre, en Maldonado, el primer Foro Empresarial Mercosur-Unión Europea como antesala de la cumbre del Consejo del Mercado Común.
Argentina hará lo propio con su Foro de Inversión y Negocios de la UE,a fines de noviembre en Buenos Aires. Es, en parte, una respuesta a otra demora: el fondo de cooperación reforzada de hasta 1.800 millones de euros que la Comisión Europea prometió para acompañar la transición verde y digital del Mercosur sigue siendo, a 150 días, una promesa política más que una partida presupuestaria firme, atada a las negociaciones del próximo presupuesto plurianual europeo.
El ITA ya demostró, en apenas cinco meses, que puede generar comercio y encadenamientos productivos dentro del propio Mercosur. Lo que todavía no demostró es que el bloque sepa administrar plenamente esa oportunidad: ni repartiendo los cupos con un criterio común, ni invirtiendo en capacidades e infraestructura de calidad que permitan sostener en el tiempo las preferencias que ya consiguió.
Esa doble tarea —política puertas adentro del bloque y de Estado puertas adentro de cada país— será, más que cualquier cifra de exportaciones, la que termine definiendo si este acuerdo pasa a la historia como un punto de inflexión para la región o como una oportunidad parcialmente desaprovechada.
La autora es directora de Insight LAC; el autor es asociado a Insight LAC, doctor en Relaciones Internacionales